Leyendo últimamente una obra especializada en el Arte Contemporáneo, descubro la confirmación de una sospecha que me ronda y atormenta desde hace bastante tiempo, y es la tal sospecha de la existencia del Arte Invisible. Desechados el Arte Conceptual, el Anti-Art, las latas de caquita de artista (ver infra los intentos de Manzoni –tan ingenuo el pobre– de cagarse en el mercado del arte), y el Arte Primitivo como manifestaciones decadentes del estadio último del Arte Capitoburgués, no se salvan ni los urinarios convertidos en arte y nuevamente reconvertidos a martillazo limpio en (restos de) mobiliario sanitario. Resulta ahora que lo moderno, lo actual, lo contemporáneo, lo más atrevido y gamberro es esconder el cuadro, el wáter, el cadáver destripado de una vaca o de un homeless, y después publicarlo a bombo y periodiquillo especializado en estética. Después de la muerte del artista, del caballete y de la obra, el siguiente paso era inevitable. Platón ya los barruntaba a los artistas del futuro cuando definía el estatus ontológico del Arte PHANTASMA: copia de la copia de la copia de la IDEA. Bienvenidos.Los bártulos que cargo sobre mis hombros –más, mucho más adentro que las 43.591 neuronas (sí conozco el número y el tamaño exacto de mis limitaciones) con las que bostezo o me entusiasmo o esbozo una sonrisa cómplice, cada vez que en un texto reconozco algo, sin certezas, que ya he visto antes– este pesado equipaje, que acarreo por domicilios ajenos, habitaciones por horas, estos bártulos embarazosos, pesadísimos, sobre mis hombros... Dentro, muy dentro y antes de mí.
05 mayo 2006
Arte Phantasma
Leyendo últimamente una obra especializada en el Arte Contemporáneo, descubro la confirmación de una sospecha que me ronda y atormenta desde hace bastante tiempo, y es la tal sospecha de la existencia del Arte Invisible. Desechados el Arte Conceptual, el Anti-Art, las latas de caquita de artista (ver infra los intentos de Manzoni –tan ingenuo el pobre– de cagarse en el mercado del arte), y el Arte Primitivo como manifestaciones decadentes del estadio último del Arte Capitoburgués, no se salvan ni los urinarios convertidos en arte y nuevamente reconvertidos a martillazo limpio en (restos de) mobiliario sanitario. Resulta ahora que lo moderno, lo actual, lo contemporáneo, lo más atrevido y gamberro es esconder el cuadro, el wáter, el cadáver destripado de una vaca o de un homeless, y después publicarlo a bombo y periodiquillo especializado en estética. Después de la muerte del artista, del caballete y de la obra, el siguiente paso era inevitable. Platón ya los barruntaba a los artistas del futuro cuando definía el estatus ontológico del Arte PHANTASMA: copia de la copia de la copia de la IDEA. Bienvenidos.
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