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21 febrero 2006

De vida o muerte

Es la hora del lector. Se le pide que decida sobre cuestiones que no pueden esperar, sobre asuntos de vida o muerte. Responda, por favor, cuidadosamente:
1. ¿Quién? :
a) Un coronel frente al pelotón de fusilamiento...
b) Una niña que vende cerillas en un crudo invierno...
c) Un ex-policía corrupto que hacía las veces de detective privado...
d) Un hidalgo, con rocín flaco y galgo corredor...

2. ¿Qué?
a) ...cercana la muerte, emprende un viaje a Venecia...,
b) ...tras ver un fantasma, decide vengar la muerte de su padre...,
c) ...se enamora simultáneamente de un torero y de un policía...,
d) ...se embarca en una goleta en pos de aventuras...

3. ¿Cómo?
a) ...y así, recorre el continente de punta a punta hasta que un buen día su avión se estrella en medio del desierto y...,
b) ...va ascendiendo en la escala social, encanallándose y empapándose de cinismo hasta que...,
c) ... después de deambular loco y ciego, acompañado de un bufón...,
d) ...es encerrado injustamente en una prisión durante treinta años, y tras escapar...,

4. ¿Para qué?
a) ...el que se fingía loco muere con la casi totalidad del reparto.
b) ...resuelve el caso, engaña a la policía y se escapa con la rubia.
c) ... muere atravesado por la espada de su hermano gemelo.
d) ...recupera la cordura en el lecho de muerte para mayor escándalo de lectores y demás inquilinos del manicomio.

06 febrero 2006

Deyalús



En un cuento, en una novela, en un libro cuyo nombre no recuerdo, un personaje le recomienda a otro que quiere ser escritor que plagie lo más abiertamente posible. De este modo alcanzará fortuna y gloria, el reconocimiento unánime de la crítica, los más prestigiosos premios, el palmarés de los más vendidos en las librerías y en los hipermercados. Eso sí, y es fundamental que lo recuerde, si alguna vez alguien detectara una demasiada similitud de estilo, ciertos pasajes ajenos, hurtados a algún otro escritor, no debe, bajo ningún concepto, sonrojarse. Él no está, en absoluto, copiando o realizando una burda imitación de la obra de otro; le está rindiendo, por el contrario, un sincero, un sutilísimo y hermoso y arrebatado homenaje.

03 febrero 2006

Los otros

El yo de hace un momento, como decía Montaigne, ya no es la misma persona que el yo que soy ahora. Quizás esto quiere decir que no nos conocemos más que la gente que se ve cotidianamente, las personas con las que convivimos en el trabajo, en las reuniones familiares o en el lecho conyugal. Es decir, somos, seremos, siempre perfectos desconocidos para este nosotros concurrido que llamamos yo mismo. Citarme será siempre plagiarme y, lo que es peor, tergiversar mis propias palabras. Como apuntillaba Borges, el que escribe siempre es otro.