Scherezade contando nanas persas y de la India, historias para críos, chismorreos del supermercado, los cuentas de la vieja, matando el tiempo, alejando al coco, al mortal aburrimiento, recordado los viejos chistes de viejo verde, las habladurías de las vecinas sobre el hermano y cuñada que se amaban a hurtadillas tras la tapia del huerto, del abuelo y la nietecilla a orillas del río, historias para dormir al niño, para mientras se cuelga la ropa, descansamos del amor, distraemos el tedio con los amigos, entre cerveza y copas de champán bien frío, en las telenovelas interminables de media mañana, en la radio, historias para no dormir, inventadas para otro, para que no nos dejen solos cuando amanezca, historias para las camas frías y para la mala compañía, para la tos y para el insomnio, embustes, patrañas, moralejas, nanas para niños, para los con miedo a la soledad, que los novelistas de hoy ponen al día.
Los bártulos que cargo sobre mis hombros –más, mucho más adentro que las 43.591 neuronas (sí conozco el número y el tamaño exacto de mis limitaciones) con las que bostezo o me entusiasmo o esbozo una sonrisa cómplice, cada vez que en un texto reconozco algo, sin certezas, que ya he visto antes– este pesado equipaje, que acarreo por domicilios ajenos, habitaciones por horas, estos bártulos embarazosos, pesadísimos, sobre mis hombros... Dentro, muy dentro y antes de mí.
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12 febrero 2006
09 febrero 2006
Setenta veces siete

Setenta monjes se encierran en setenta celdas incomunicadas para producir setenta ejemplares idénticos en griego de la denominada Biblia Septuaginta o de los Setenta. Que se haya tenido noticia (afortunadamente), Dios todavía no ha reclamado sus derechos de autor y de imagen. Se imaginan qué ruina de royalties atrasados, de apócrifos, de traducciones santificadas, desde el calé hasta al tagalo, de segundas partes fraudulentas, de herejías, de ediciones comentadas, de versiones infantiles, de la infinidad de ejemplares de libros del mormón repartidos por todo el mundo, de adaptaciones teatrales (autos sacramentales aparte), de versiones cinematográficas... ¡Dios mío, qué vértigo da imaginarte!
08 febrero 2006
Angustias
-Tiene un aire a Tarkovski, estarán de acuerdo conmigo... (Un crítico entrevistado a la salida del estreno).
-La influencia de Fastbinder es innegable...(Cahiers du Cinéma).
-En la más pura línea fellinesca, casi un ettore scola...(Fotogramas).
-Domina con maestría los elementos más complejos de la escuela del Dogma. No se puede entender esta obra sin tener presente la influencia de Von Triers.... (Vanity Fair).
-El nombre de Almodóvar viene inmediatamente a la mente... (New York Post).
“¿Por qué no se van todos a la m..?”, se preguntaba escueta la nota que dejó como despedida.
-En la más pura línea fellinesca, casi un ettore scola...(Fotogramas).
-Domina con maestría los elementos más complejos de la escuela del Dogma. No se puede entender esta obra sin tener presente la influencia de Von Triers.... (Vanity Fair).
-El nombre de Almodóvar viene inmediatamente a la mente... (New York Post).
“¿Por qué no se van todos a la m..?”, se preguntaba escueta la nota que dejó como despedida.
31 enero 2006
El que cuenta historias
Si todo se redujera a pisar sobre huellas que otros han dejado ya sobre la arena de la playa de la isla que creíamos desierta. Si en definitiva no pasáramos de meros turistas, nosotros que nos creíamos viajeros intrépidos, pioneros, exploradores de metáforas incógnitas y nos han plantado un club med y otros, muchos otros, ya han visto este amanecer, esta misma puesta de sol, este abismo sin fondo, esta naturaleza virgen ya, alas, muy usada de virgo mil veces remendado, que nos quedara más que hacer recuento, contar lo olvidado por servido y trocar nuestro mapa del tesoro por un hit-parade de grandes éxitos de ahora y, claro está y maldita sea su alma, de siempre. Sobre la tumba de Tusitala en los Mares del Sur se yergue ahora un MacDonalds.
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